Comedor Madre Teresa de Calcuta

Comedor Madre Teresa de Calcuta

«No todos podemos hacer grandes cosas, pero sí cosas pequeñas con un gran amor.» — Santa Teresa de Calcuta

Inspirado en el ejemplo de servicio y entrega de Santa Teresa de Calcuta, nuestro Comedor Madre Teresa de Calcuta es un espacio donde la misericordia se convierte en un plato de alimento servido con amor, respeto y dignidad. Cada día abrimos nuestras puertas para atender a personas y familias en condición de vulnerabilidad, brindándoles no solo una comida nutritiva, sino también acogida, cercanía y esperanza.

En este comedor creemos que alimentar al hambriento es una de las obras de misericordia más hermosas del Evangelio. Por ello, cada alimento preparado representa el compromiso de una comunidad que comparte sus dones para que nadie tenga que enfrentar el hambre en soledad.

Gracias a la generosidad de nuestros benefactores, voluntarios y aliados, hacemos posible que cientos de personas reciban diariamente una alimentación digna en un ambiente de fraternidad. Cada plato servido es un recordatorio de que el amor de Dios también se manifiesta en los gestos sencillos de quienes sirven con alegría y corazón generoso.

El Comedor Madre Teresa de Calcuta es mucho más que un lugar donde se comparte el pan: es un hogar de encuentro, solidaridad y esperanza, donde cada persona es recibida con respeto, escuchada con cariño y tratada con la dignidad que merece como hijo de Dios.

Durante la emergencia sanitaria ocasionada por la pandemia del COVID-19, el funcionamiento del comedor tuvo que adaptarse para proteger la vida y la salud de nuestros beneficiarios y voluntarios. Aunque por un tiempo suspendimos la atención en nuestras instalaciones, nunca dejamos de buscar alternativas para seguir acompañando a quienes dependían de este servicio.

Con responsabilidad y compromiso, reabrimos el comedor en un espacio abierto, implementando las medidas de bioseguridad necesarias para reducir los riesgos de contagio. De esta manera, continuamos ofreciendo alimentos a las personas más necesitadas, demostrando que la solidaridad no se detiene, incluso en los momentos más difíciles.

Esta experiencia fortaleció nuestra misión de servicio y nos recordó que, cuando el amor al prójimo guía nuestras acciones, siempre es posible encontrar caminos para seguir tendiendo la mano a quienes más lo necesitan.

«Porque tuve hambre y me dieron de comer; tuve sed y me dieron de beber.» (Mateo 25:35)